Lunes, 19 de marzo de 2007
Una poderosa llamarada solar gener? una fuerte tormenta solar en donde nadie la esperaba: el polo sur del Sol.



Imag?nese cruzando a pie la Ant?rtida, atravesando el hielo, con viento fr?o, glacial, y soportando dificultades durante meses para, por fin, llegar a las puertas del mism?simo Polo Sur.

Pero precisamente en ese momento lo azota una tormenta de arena del Sahara.

Esta es la analog?a que los cient?ficos est?n utilizando para describir lo que le sucedi? a la nave espacial Ulises, de la Agencia Espacial Europea (ESA, en idioma ingl?s) y la NASA, en diciembre pasado. ?Ulises se acercaba al polo sur del Sol, cuando fue ?bombardeada? por una nube de part?culas de alta energ?a: iones pesados, protones y electrones?, dice Arik Posner, el cient?fico del Programa Ulises, en las oficinas centrales de la NASA. Dicha nube result? ser tan extra?a en el polo sur del Sol como lo ser?a una tormenta de arena en la Ant?rtida.

Esta inusual historia comenz? el 5 de diciembre de 2006.

Esta inusual historia comenz? el 5 de diciembre de 2006.

Los astr?nomos estaban muy nerviosos por la s?bita aparici?n de una gigantesca y, al parecer, furiosa, mancha solar ubicada sobre la regi?n oriental del Sol: ?la mancha solar 930?, dice Posner. El 5 de diciembre de 2006, explot? y produjo una de las llamaradas solares m?s fuertes de los ?ltimos 25 a?os. En la ?escala Richter? de llamaradas solares, X1 se considera intenso; la llamarada solar del 5 de diciembre fue de clase X9. Una r?faga de rayos X anunci? la explosi?n a los sensores ubicados en la ?rbita terrestre y, momentos despu?s, se observ? la expulsi?n de una nube de iones pesados, protones y electrones. Esta fue la nube que golpe? a la nave espacial Ulises.


Abajo: Una llamarada solar de clase X9, captada por el generador de im?genes de rayos X GOES-13, el 5 de diciembre de 2006. Cr?dito: NOAA.

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El proceso se repiti? el 6 de diciembre (X6) y el 13 de diciembre (X3). Cada explosi?n cre? su propia nube de part?culas de alta energ?a. ?Llamamos a estas nubes ?tormentas de radiaci?n??, dice Posner. ?Son comunes despu?s de grandes llamaradas?.

Lo extra?o de estas tormentas es la zona donde ocurrieron ?el polo Sur. ?Las tres tormentas fueron detectadas por la nave espacial Ulises?, dice el f?sico Bruce McKibben, de la Universidad de New Hampshire, quien es el investigador principal de COSPIN (siglas en ingl?s de ?Cosmic and Solar Particle Investigation?), el conjunto de sensores a bordo de la nave espacial Ulises que cuenta las part?culas de alta energ?a. ?El suceso que tuvo lugar el 6 de diciembre fue particularmente fuerte; en ?l se observ? la existencia de una gran cantidad de iones pesados?.

De hecho, la tormenta del 6 de diciembre fue tan fuerte que ?si la Tierra hubiera estado en el sitio donde se encontraba Ulises, hubi?semos vivido un acontecimiento pleno a nivel del suelo?, dice el Profesor Bernd Heber, del Instituto de F?sica Experimental y Aplicada, en Keil, Alemania. En otras palabras, las part?culas hubiesen perforado todos los caminos posibles a trav?s de la atm?sfera terrestre para llegar hasta el suelo. Heber es el investigador principal del Telescopio de Electrones Kiel (KET, en idioma ingl?s), un sensor a bordo de la nave espacial Ulises que puede detectar estos electrones, iones y protones s?per energ?ticos.



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Arriba: Iones pesados (Z>2) contados por Ulises sobre el polo sur del Sol vs. los iones contados por el Explorador de Composici?n Avanzada (ACE, en idioma ingl?s) sobre el ecuador del Sol, en diciembre de 2006.

Estas observaciones se suman a un gran rompecabezas, dice McKibben. La mancha solar 930 estuvo cerca del ecuador solar, mientras que Ulises estuvo sobre el polo sur del Sol. El campo magn?tico del Sol debi? haber mantenido las tormentas en latitudes bajas. Entonces, ?c?mo llegaron hasta Ulises?

Este es un rompecabezas que la NASA est? ansiosa por resolver. Las tormentas de radiaci?n solar pueden ocasionar interrupci?n de las comunicaciones en la Tierra, pueden desactivar sat?lites en ?rbita terrestre y, en casos extremos, pueden llegar a ser mortales para los astronautas. ?Necesitamos poder predecir la trayectoria de estas tormentas?, dice Posner.

La clave es el campo magn?tico del Sol. As? como el campo magn?tico de la Tierra comanda la aguja de una br?jula, el campo magn?tico del Sol comanda las tormentas de radiaci?n. ?Las tormentas de radiaci?n est?n compuestas por part?culas cargadas, las cuales siguen naturalmente l?neas de fuerza magn?tica?.

En el pasado, para prever la ruta de una tormenta de radiaci?n, los investigadores utilizaron la ?espiral de Parker?, un modelo vanguardista de campos magn?ticos, que fue desarrollado por el f?sico Eugene Parker, de la Universidad de Chicago. De acuerdo con este modelo, el campo magn?tico del Sol emerge radialmente desde la superficie, en forma de espiral, hacia el sistema solar. ?El movimiento de rotaci?n del Sol produce la forma espiral?, explica Posner. ?Es como la corriente espiral de agua de un rociador de jard?n?.



Abajo: La espiral de Parker. Cr?dito de la imagen: Steve Suess, NASA/MSFC
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La espiral de Parker hace una predicci?n simple y directa: las tormentas de radiaci?n que se inician cerca del ecuador deber?an permanecer en sus cercan?as. Una tormenta podr?a expandirse hacia el sistema solar y golpear la Tierra, la cual no est? lejos del plano ecuatorial del Sol, pero no deber?a afectar a la nave espacial Ulises, que est? ubicada sobre el polo sur solar.

Evidentemente en esta historia hay m?s que una elegante espiral. El verdadero campo magn?tico del Sol puede contener rizos y vueltas que forman un pasillo solar, una ruta para que las tormentas puedan viajar desde el ecuador hacia los polos. La prueba para esta idea es la siguiente: en 2000 y 2001, cuando se produjo el ?ltimo m?ximo solar, el campo magn?tico del Sol se retorci? por completo formando estructuras no Parkerianas. ?Durante ese tiempo, Ulises experiment? seis tormentas de radiaci?n de alta latitud?, hace notar McKibben


Cartografiar y comprender tales pasillos, si es que los hay, es tarea para el futuro. Mientras tanto, una cosa queda clara: ?No existe un lugar en el interior del sistema solar que se encuentre completamente a salvo de las tormentas de radiaci?n?, concluye Posner.



::: FUENTE: "[email protected]" :::
www.ciencia.nasa.gov

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